Cansado

Ahora todo es ruido.
Interferencias sin fin
en la cabeza.
Cada acción trata
de esconderte,
de olvidarte.
Pero siempre escapa
alguna lágrima,
algún temblor
enviado desde
el corazón.

Mi cuerpo lo sabe;
que faltas,
que no estás.
Nada sabe igual,
el café nunca
volvió a ser lo mismo
desde que te lo preparaba
por las mañanas
mientras me abrazabas
en nuestra cueva alquilada.

No hay gota
de alcohol
que me haga olvidarte.
No hay meta
que me haga levantarme.
Me enseñaste
lo que es ser feliz.
Rompiste cada coraza y muro
y terminaste
dejándome expuesto
cuando te fuiste.
Y ya no queda nada de mí.

Vuelvo a ver
en blanco y negro,
vuelvo a preferir
estar dormido
a despierto.

Estoy cansado
de esta soledad
y este vacío.

Incluso el boxeador
más duro
puede recibir un golpe
del que no se pueda
volver a levantar.

Te echo de menos

No lo soporto más,
no soporto que no pienses
en Granada.
No soporto
que ya no estés.

Sé que esto
no es poesía;
me da igual.

No soporto
tener que olvidarte.
No es cuestión
de si puedo
o no.
Simplemente
no quiero.

No puedo más
con el vacío
que has dejado.
No puedo
con tu ausencia.

¿Por qué
empezaste esto?

¿Por qué
me destruyes?

No
puedo
más
con
este
vacío.

Te echo de menos.

Basura espacial

Años observando
tu universo de colores,
viendo cómo tus nebulosas
bailaban e iluminaban,
soñando con construir
un cohete
con el que poder explorarte.

Yo tenía mis metas,
mis manos encalladas
y la espalda agarrotada,
un billete de avión
solo de ida.
Una idea de futuro.

Tu tenías tus labio,
tus ojos que solo
mostraban su naturaleza
al mirarlos de cerca,
tus caderas, tus lunares
formando nuevas constelaciones.

Tu sonrisa me engulló,
no supe ser cuerdo,
no supe ver
que no era posible.
Junté todas las piezas
y herramientas que pude
y transformé el avión
en un cohete.
Nadé en ti
y tus luces me cegaron.
Abracé todas tus formas cósmicas
y me drenaste.

No recordé lo más importante.
No recordé llevar traje espacial.
No recordé protegerme.
No recordé mis grietas.

Y ahora mis pedazos congelados
naufragan en el vacío.
La brújula ya no cuelga
de tu cuello
y mis piernas
han perdido toda voluntad
de andar.

Nostalgia corporal / Pérdida

A veces siento que sigo perdido
dentro de tus pupilas.
Viendo como se contraen y expanden
y cómo son delimitadas
por una finísima línea roja.
Curioso, pues eres Luna
y guía en la noche,
brújula de polos cambiados
directa a la locura
de unos labios carnosos
deseosos de mordiscos.

A veces, siento que sigo
con mis manos en tu cuerpo,
viendo como alzas la cabeza
y muestras el cuello.
Se corta la respiración
pensando en tus pechos,
en tu movimiento de hombros
cuando la música te gusta,
en tu pelo mojado en la ducha
y en nuestros cuerpos unidos
por la piel.

No creía en los astros
y ahora solo quiero creer
en que algún día la Luna chocará
con los cimientos de la Tierra
y tú y yo volveremos
a compartir noches
bajo el mismo techo
y sobre la misma cama.

Estaba convencido de mi naturaleza y final
solitario y frío,
de que mi cama siempre
serita individual
y mi corazón no latiría
mas que por falsas ilusiones
y sueños de frustrado.
Y ahora solo pienso en un futuro de tu mano,
en conocer cada pub de cada capital,
en vivir en ciudades
con nombres que no sepamos pronunciar,
en tomar el Transiberiano
y no ser conscientes
ni del mapa
ni del calendario.

Yo creía ser feliz en mi pozo solitario
y ahora no puedo vivir
sin estar dentro de tu galaxia.

Vuelta a empezar

Cagando y bebiendo cerveza
mientras las estrellas
se alejan en círculos.
Últimos estertores
de un alma rota
y amoratada
por la asfixia
del mero ciclo del sueño.

No despertar no suena tan mal.

Se quiebran los hechizos del olvido
y vuelven los recuerdos perdidos.
Varan las piernas en la suave marea
de cada mediodía.

Vuelan desperezadas las garzas al sur.

No importan los vasos vacíos
si los folios siguen en blanco.
No vuelve la tinta
si el corazón no lo necesita.

Sistema sanguíneo en desborde

Romper vasos
e introducir
sus cortantes añicos
en el corazón.

Que cada latido
bombee cristal
y las arterias y venas
se conviertan en cruces
de carreteras accidentadas.

Que la lengua
sea más roja aún
y de las orejas
salga un reguero
de vida ida.

Que ese agujero negro
que hay en el centro
se haga pozo con fondo
y se pueda dar pie
una vez dentro.

Que se rompan las uñas
creando un agarre preciso
con el que escalar
los fríos muros;
no importan
las más que seguras
laceraciones.

Cuando se quiere salir a flote
no importa que estés perdido
en un cinturón de asteroides.
Todo lo que debes hacer es,
si es necesario,
dar tu puta vida.

Mismo hoyo, mismo tonto

Volver a soñar
con ella,
náufrago en un mar
de un insomnio.

Vuelve el canto
a mis oídos
y vuelven los labios
entumecidos a imitar
la media Luna.

¿Habías escuchado
alguna vez
el canto del ruiseñor
en el fondo
de un pozo?
La acústica es perfecta.

Pasado en vuelta contra el espejo

Siguió el ir y venir
sin las mierdas de antes.
Ya no te paras en el parque
para morrearte,
ni te vacías los litros
como en otros tiempos.
Lloras menos, pero por cosas
de mayor importancia.
Tienes libreta de poemas nueva,
pero solo dos en cuatro meses.
Compras whiskey
y te dura un mes.
Pasas el porro
a las dos caladas
y no a las cuatro,
como si fumases
de una central nuclear.

¡Qué cojones!
Dejemos las mierdas
de despertadores
y las botellas enteras,
¿qué es Blade Runner
sin luces de neón,
sin un plenilunio
al que aullarle
junto a las estrellas?

Llévame de bares
una vez más.
Saca mi tinta
y mi lienzo
en blanco
y mancíllame
sin piedad
con tus mareas.
Mánchame de lágrimas
y gotas de cerveza.

¡Despreciame!
Y después vuelve
a mí, corriendo
y llorando,
pues sin mis folios blancos;
no eres nada.

Me miró la Luna y me hizo fuego y ceniza

Se desvanecen
las voces
entre lumbres
e improvisaciones
con canciones
otrora olvidadas.
Crepitan las chispas
llorando por la libertad,
que más da,
si esto es solo una vez.
Acerquémonos allí,
a la hoguera;
esto no se repetirá.
Hablaremos de laberintos,
de Bowie o El Resplandor.
Hablaremos del barrio,
de la calle y del grito
unísono resultante
de la lucha.

Pequeña explosión liberadora

Como un perro
corriendo por el almanaque
y mordiéndose el rabo.
Moviéndome presto
a las órdenes del amo.

Persigo cláxones
calle abajo
y choco
con los veladores
y sus tiradores
de cerveza.
Me cago en mi vida,
vuelvo a las mismas
y confundo la mierda
del vecino
con el plato estrella
del carnicero.

Olisqueo los caminos
y encuentro un rastro
de gasolina;
voy a rechinar
los colmillos
a ver si prendo fuego
a esta jodida ciudad.
Humean las palmeras
y lanzo el colchón
por el balcón..
Voy a liarme
un canutito
tumbado en la carretera,
mientras os veo correr
como si fuerais mis presas.